Sumérgete a lo marino

Por: Araceli García

El cuerpo de una tortuga verde está diseñado para nadar, sin embargo, no todas lo aprenden: la primera vez que que una de ellas habitó el Acuario Inbursa  se hundió. 

Su origen es toda una travesía.

“Unas personas la robaron de una liberación y se la llevaron a su casa. La tenían aquí en la ciudad en una pecera de un metro cuadrado donde no se podía ni mover. La gente entró en razón y habló a las autoridades para que la pudieran resguardar", relata quien nos guía, Itzel León.

Se hundía porque nunca tuvo un espacio. Tardó medio año en aprender. Si se devolvía al mar, moría.

La tortuga de más de siete años de edad forma parte de los programas de conservación y rescate del Acuario. El espacio —ubicado en Polanco, a unos metros del Museo Soumaya— sirve de hogar para 300 especies marinas y alrededor de 14 mil ejemplares, entre ellas esta tortuga verde que, cuando se alarga, mide 1.60 metros. 

El recorrido empieza en el fondo del mar. Para entrar el visitante debe convertirse en buzo y sumergirse 20 metros. A esta profundidad se encuentra la primera exhibición.

Dentro de cada uno de los espacios que conforman el recorrido puede estar en contacto con peces, tiburones, medusas y hasta pingüinosque lo mismo pasan nadando a izquierda y derecha en uno de los estanques que por encima de los visitantes en uno de sus puentes.

Aquí ningún animal ha sido extraído de su hábitat, pues, según explica Itzel, todos provienen de granjas o son criados ahí mismo, en el Laboratorio Submarino —lugar ubicado dentro de Plaza Carso—.

"Nuestro objetivo al querer que los visitantes interactúen con las especies es hacerles ver que si no conocen lo que tenemos nunca vamos a ayudar a cuidarlo”.  

Una vez que se termina el recorrido por el acuario —que puede tomar hasta tres horas—, la siguiente parada es el laboratorio, donde los biólogos se dedican al cuidado de las especies y a la crianza de algunas, como medusas y caballitos de mar. 

“Somos un lugar donde no hay mar, hay mucha gente que viene aquí y no lo conoce. Queremos acercar a los capitalinos al mundo marino y su conservación y hacerles ver que todos tenemos la oportunidad de ayudar para contribuir a la conservación", explica la guía.

Este es un espacio para nuevas vidas. La luz de las medusas que iluminan uno de los estanques más vistosos del acuario provoca que más de uno saque su celular para capturar la mejor fotografía, sin embargo ésta se apagará  en ocho meses. Su tiempo de vida —dependiendo de la especie— no es mayor. 

Por ello, además de los recuerdos guardados en una fotografía antes de terminar la visita —en el laboratorio en el que se reproducen periódicamente— se puede tocar una medusa. No todas son venenosas, por ello, tras limpiar las manos del visitante, el biólogo le permitirá introducir su dedo en una pequeña pecera y sentir su textura.

Acuario Inbursa.

Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra 386.

Costo de entrada: 195 pesos. (incluye acuario y laboratorio).

 

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