Muchas actrices, poca historia.

Los filmes Cuando ellas quieren y Sexy por accidente son propuestas buenas y sin pretensiones
Por: José Felipe Coria

Es una constante del cine hollywoodense: las estrellas de la tercera edad habitan la comedia como paso previo a su jubilación o, paradójicamente, como retorno de la misma. Por lo general no son argumentalmente destacadas estas comedias. Se sostienen con el lucimiento de dichas estrellas en papeles hechos a la medida.

Caso en cuestión es Cuando ellas quieren (2018), debut en la dirección del guionista y productor Bill Holderman. La traducción literal del título original es “el club del libro”; se parece demasiado a un par de cintas previas sobre idéntico tema: The book club (2006) y Conociendo a Jane Austen (2007). En éstas, ambos clubs presentaban sendos libros que cambiaban la vida de los protagonistas. Holderman y su co-guionista Erin Simms cuentan cómo la novela “Cincuenta sombras de Grey”  transforma a cuatro amigas de toda la vida. Se trata de la insegura Diane (Diane Keaton), la vivaz Vivian (Jane Fonda), la sarcástica Sharon (Candice Bergen; la mejor del cuarteto) y la inquieta Carol (Mary Steenburgen).

Al ser cuatro personajes, la película convencionalmente cuenta la historia del club que conforman, así como sus aventuras individuales. El tono ultra ligero de Holderman hace una cinta para lucimiento de cada actriz. En conjunto resulta casi intrascendente, sobre todo en sus preocupaciones sentimentales, que en el fondo es el tema central de la historia.

Sólo el carisma y la cualidad de auténticas estrellas fílmicas sin poses, mantiene a flote la cinta, cuyo flojo argumento habría sido intolerable con otras actrices. Ellas poseen una habilidad encantadora para hacer divertido lo rutinario y para que el resultado no sea homenaje a una subliteratura post-porno aquí convertida en jocosa ironía sobre la edad, las relaciones sexuales y el gusto por la vida, y sus pequeñas alegrías cotidianas. Es irregular pero divierte.

A su vez, el cine hollywoodense ocasionalmente produce títulos del gustado género “cinta de actor”. En tiempos recientes Amy Schumer es quien mejor capitaliza esto. No importa quién la dirija o escriba (a veces ella lo hace), el hecho es que el resultado gira exclusivamente en torno a su personalidad.

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Tras la intensa y auto-irrisoria Esta chica es un desastre (2015), vino el horror de la sangronada racista Viaje salvaje (2017). Ahora, Sexy por accidente (2018), debut en la dirección de los productores-guionistas dedicados a comedias románticas Abby Kohn & Marc Silverstein, es la tercer cinta estelar de la Schumer.

El argumento tiene una premisa sencilla, incluso simplona, pero forzada. Renée, deseando ser bonita, sufre un accidente en un gimnasio. 

Al recuperarse, se cree diferente: que está súper guapa. No, obviamente. Con su nueva auto-estima, y de la contradicción “apariencia versus realidad”, surge una desigual comedia con muchos lugares comunes sobre el concepto contemporáneo de belleza en una sociedad absolutamente frívola.

 Por supuesto, trama y demás personajes están al servicio de la Schumer y de su hábil comicidad. Las acciones van de la exageración a cierta sutileza con algunos apuntes sobre un superficial mundo laboral lleno de banales apariencias. Pero la poco consistente dirección y que la protagonista cargue con todo el peso de la cinta obligada a durar casi dos horas (la anécdota parece sacada de un cortometraje), la hacen poco brillante y predecible.

Sin embargo, la levedad con que la Schumer aborda la variación de un papel que ya previamente interpretó, y   su  carismática presencia, consiguen que el resultado no sea del todo aburrido.

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