El Babalú

Por: Alexiz Morales

Si se mira bien, pasear por Reforma podría equivaler a una chocante monotonía: el Ángel de la Independencia mira a gente que, como hormiguitas, va de aquí para allá, a toda prisa. Incluso los establecimientos entre las calles suelen ser tranquilos y discretos hasta que una voz cubana empieza a cantar: “¡Agua... nileee!”

Esa expresión es misteriosa, pero el sonido de los bongos y maracas que le siguen, acompañados casi de inmediato por un “saaanto Diooos” rompe con el esquema tradicional de esas calles siempre reticentes. El ritmo emana del segundo piso de Salón Ríos, en El Babalú. 

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Una chica de largos y rizados cabellos ni se inmuta, al contrario, opta por sonreír con picardía ante las miradas que la ven pasar asombrados quizá por esa seguridad con la que se dirige a aquellas escaleras de las cuales, personas suben y suben, pero  ninguna baja.

Salón Ríos cumple su misión de parecerse a los demás establecimientos del lugar. Un restaurante con olor a mezcal y filete acompañan pláticas normales de quienes cenan ahí, sin embargo, una casi nula pero parpadeante luz rosa en las escaleras del fondo parece ser la puerta del lado rebelde de este lugar.

La rumbera contonea sus caderas al sonido de aquel tema de Héctor Lavoe, mientras más personas curiosas suben para deslumbrarse con un “babalú” en letras luminosas que los obliga a cerrar los ojos. Al abrirlos hallan espíritus salseros que cambian las palabras de los de abajo, para comunicarse con lo que el cuerpo quiera decir. La morena, con falda larga y carmín, permite explotar el lado rumbero que muchas personas reprimen; en especial aquellos que  recién aprendieron en clases de baile (que se imparten de martes a jueves). Ellos la miran y repiten movimientos, son unos copiones, pero eso es bueno, porque aunque no tienen su maestría, gozan por igual.

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Lo que de verdad la distingue es el movimiento de sus hombros y sus largas piernas que van bien al ritmo de “Talento de televisión”, ese tema con el que  Willie Colón le hizo un homenaje a las caribeñas en los 90. Claro, acá la letra desentona: “No tiene talento pero muy buena moza”. Entre cuerpos sudorosos y zapatos pisados por los descuidados pasos de algún mal bailarín, a las 23:00 horas la orquesta cubana sale a escena para hacer un homenaje a su país con letras que quizá muchas bocas no conozcan, pero con ritmos que todos los pies agradecen.

El lugar es un espacio pequeño, como un salón de clases, pero no representa problema para quienes optan por  desatar el frenesí al ritmo de chicha, cumbia y boogaloo, de donde proviene el nombre.

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Babalú seguirá hasta las 3:00 horas, con la cadencia de la morena carmín, pero también la de otros de cabellos negros rizados moviéndose al mismo son que los cabellos rubios platinados. 
Los de acentos latinos destacan por igual que algunos extranjeros, de ojos azules y negros. No importa: esa mezcla de colores cobija a todos aquellos cuyo ritmo agitado de vida se disfruta cada noche en cada pieza. 

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Río Lerma 218, Cuauhtémoc.
Teléfono: 55 5207 5272.
21:00 a 3:00 horas. 
Martes, miércoles y jueves.

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